La IA como eliminadora de fricción: el trabajo que nunca debimos hacer
Hace unos días, mientras trabajaba en Adobe Illustrator, me descubrí repitiendo una rutina que llevo realizando desde hace años. Abrí un documento, acomodé nuevamente los paneles donde me gusta trabajar, seleccioné el espacio de trabajo correcto, comprobé si el archivo estaba en CMYK o RGB y, antes de exportarlo, revisé la resolución de las imágenes, la configuración del PDF y algunos detalles técnicos para asegurarme de que todo saliera correctamente.
Mientras hacía todo eso me surgió una pregunta muy simple:
¿Por qué sigo invirtiendo tiempo en tareas que el software ya debería conocer?
Después de décadas utilizando aplicaciones profesionales, Adobe sabe muchas cosas sobre mi forma de trabajar. Sabe que soy diseñador gráfico, que la mayor parte de mis proyectos terminan en impresión, cuáles son las herramientas que utilizo con más frecuencia, qué paneles mantengo siempre abiertos y qué configuración de PDF empleo casi todos los días. Sin embargo, cada nuevo documento me obliga a repetir exactamente las mismas acciones, como si fuera la primera vez que utilizo el programa.
No es una limitación tecnológica.
Es una limitación de diseño.
El verdadero problema no es Adobe
Este problema no pertenece únicamente a Adobe. Está presente en casi todas las herramientas profesionales que utilizamos.
Los programas esperan que configuremos manualmente nuestro entorno de trabajo, seleccionemos perfiles de color, verifiquemos formatos, revisemos errores frecuentes y preparemos los archivos para su destino final. Son tareas necesarias, pero ninguna de ellas representa el verdadero valor que aportamos como profesionales.
Cuando un diseñador crea una campaña publicitaria, su talento no consiste en recordar que un documento debe exportarse con determinado perfil de color o en comprobar una vez más que todas las imágenes tengan la resolución correcta. Su trabajo consiste en comunicar una idea, resolver un problema y construir una experiencia visual efectiva.
Todo lo demás es fricción.
¿Qué es realmente la fricción?
Llamo fricción a todas esas pequeñas acciones repetitivas que consumen tiempo sin aportar creatividad, conocimiento o criterio profesional.
Configurar opciones.
Buscar archivos.
Revisar parámetros.
Corregir errores previsibles.
Abrir siempre las mismas ventanas.
Seleccionar una y otra vez el mismo modo de color.
Son tareas que realizamos porque el software todavía depende de nosotros para tomar decisiones que ya podría anticipar.
La inteligencia artificial no debería hacer mi trabajo
Cuando se habla de inteligencia artificial, muchas personas imaginan programas capaces de diseñar un logotipo, escribir un artículo o generar una ilustración completa.
Creo que esa visión está enfocada en el lugar equivocado.
No necesito que una IA diseñe por mí.
Necesito que deje de hacerme perder tiempo en tareas que nunca aportaron valor.
Una buena IA debería abrir automáticamente el espacio de trabajo adecuado, detectar si el documento está destinado a impresión o a redes sociales, cambiar el perfil de color cuando sea necesario, advertir sobre imágenes de baja resolución, revisar la sobreimpresión, detectar transparencias problemáticas y preparar el PDF correcto antes incluso de que yo piense en exportarlo.
La IA no estaría diseñando.
Estaría eliminando obstáculos.
Una idea que va mucho más allá del diseño
Este principio puede aplicarse prácticamente a cualquier profesión.
Un ingeniero no debería descubrir al finalizar un proyecto que uno de sus planos incumple una norma técnica. La inteligencia artificial podría advertir ese problema mientras el plano todavía está siendo desarrollado.
Un arquitecto no tendría que esperar hasta la coordinación final para descubrir que dos instalaciones ocupan el mismo espacio dentro de un modelo BIM. La IA podría detectar esa incompatibilidad en tiempo real.
Un programador no debería perder una mañana completa configurando un entorno de desarrollo. El sistema podría prepararlo automáticamente antes de escribir la primera línea de código.
Del mismo modo, un médico no debería revisar cientos de páginas de un historial clínico para encontrar la información verdaderamente relevante. La IA podría presentar únicamente aquellos antecedentes relacionados con el motivo actual de la consulta.
Las profesiones cambian.
La fricción permanece.
Automatizar no significa reemplazar
Existe la idea de que automatizar una tarea implica reemplazar a la persona que la realiza. La historia demuestra exactamente lo contrario.
Las calculadoras no sustituyeron a los matemáticos.
Las hojas de cálculo no eliminaron a los contadores.
Los sistemas GPS no reemplazaron a los conductores.
Lo que hicieron fue liberar tiempo para que las personas se concentraran en aquello donde realmente aportan valor: analizar, decidir, crear y resolver problemas.
La inteligencia artificial tiene el potencial de producir el mismo cambio.
No reemplazando el criterio humano.
Sino eliminando todo aquello que nunca necesitó criterio.
El mejor software será el que casi no notemos
Quizá la inteligencia artificial más valiosa no sea la que escribe ensayos, genera imágenes o mantiene largas conversaciones.
Tal vez sea aquella cuya presencia apenas percibimos porque trabaja silenciosamente en segundo plano.
La que organiza nuestro entorno antes de comenzar.
La que recuerda nuestras preferencias.
La que detecta errores antes de que aparezcan.
La que prepara las herramientas adecuadas para cada tarea.
La que elimina cientos de pequeñas interrupciones durante la jornada.
Ese tipo de inteligencia artificial no busca reemplazar al profesional.
Busca devolverle el tiempo que hoy desperdicia en procesos innecesarios.
Porque, al final, quizá el propósito de la inteligencia artificial nunca fue hacer nuestro trabajo.
Tal vez su verdadera misión sea mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más útil:
Eliminar todo aquello que nos impide hacer bien nuestro trabajo.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario