La pregunta ya no es si usas IA, sino cómo piensas con ella
Cada vez que aparece una nueva tecnología surge el mismo temor: nos volverá menos inteligentes.
Ocurrió con la escritura, con la imprenta, con la calculadora, con Internet y ahora con la inteligencia artificial. La preocupación es comprensible. Si una herramienta hace por nosotros una tarea mental, ¿qué ocurre con la capacidad que antes necesitábamos desarrollar?
Sin embargo, creo que la pregunta importante ya no es si usamos inteligencia artificial. Esa batalla está prácticamente decidida. Dentro de unos años preguntar "¿Usas IA?" será tan irrelevante como preguntar "¿Usas Internet?" o "¿Usas electricidad?".
La verdadera pregunta será otra:
¿Qué haces con ella?
La IA no piensa por nosotros; nosotros decidimos cómo usarla
Existen, al menos, dos formas muy distintas de utilizar una inteligencia artificial.
La primera consiste en delegar. Se hace una pregunta, se obtiene una respuesta y se acepta sin mayor reflexión. La IA sustituye parte del esfuerzo intelectual.
La segunda consiste en dialogar. La respuesta no representa un punto final, sino el inicio de una conversación. Se cuestiona, se pide una explicación diferente, se buscan contraargumentos, se afinan las ideas y, en ocasiones, se descubre que el problema estaba mal planteado desde el principio.
En ambos casos se utiliza exactamente la misma herramienta. Lo que cambia no es la tecnología, sino la actitud de quien la emplea.
El problema no son las humanidades
Con frecuencia se afirma que las humanidades serán la defensa frente a una sociedad que piensa cada vez menos. Hay mucho de cierto en esa idea, pero quizá el problema esté formulado de manera demasiado estrecha.
Pensar no es una actividad exclusiva de la filosofía o la literatura.
También piensa quien diseña una campaña publicitaria, quien compone una pieza musical, quien desarrolla un algoritmo, quien resuelve un problema matemático o quien formula una hipótesis científica.
Cada disciplina ejercita capacidades distintas: unas desarrollan la abstracción, otras la creatividad, otras la síntesis, otras la observación o la lógica.
Por eso, quizá no deberíamos preguntarnos qué disciplina salvará el pensamiento, sino cómo seguimos ejercitando nuestra capacidad de pensar, independientemente del camino que elijamos.
Crear exige más que consumir
Vivimos rodeados de información.
Nunca fue tan fácil acceder a libros, artículos, videos, conferencias y respuestas instantáneas. Paradójicamente, eso no garantiza que pensemos más.
Consumir información y pensar no son la misma actividad.
Pensar aparece cuando relacionamos ideas, cuestionamos supuestos, buscamos contradicciones, intentamos resolver problemas o creamos algo que antes no existía.
Tal vez por eso crear siga siendo una de las formas más profundas de pensar. Escribir obliga a ordenar ideas. Diseñar obliga a tomar decisiones. Investigar obliga a convivir con la incertidumbre.
La creación devuelve al cerebro un trabajo que el simple consumo rara vez exige.
Una minoría que mueve a la mayoría
Históricamente, el progreso humano no ha dependido de que toda la sociedad piense de la misma manera.
Las grandes transformaciones científicas, filosóficas, artísticas y tecnológicas casi siempre comenzaron con grupos relativamente pequeños de personas que dedicaron tiempo a pensar con profundidad.
Después, sus descubrimientos beneficiaron a millones.
Quizá la inteligencia artificial no cambie ese patrón. Es posible que siga existiendo una minoría que investigue, cuestione y cree, mientras la mayoría aprovecha los resultados de ese trabajo.
La diferencia es que ahora las herramientas para formar parte de esa minoría están al alcance de muchas más personas.
La decisión ya no depende únicamente del acceso al conocimiento.
Depende del deseo de seguir pensando.
Una pregunta para el futuro
Dentro de diez años probablemente ya no discutiremos si la inteligencia artificial era buena o mala.
La pregunta será mucho más interesante:
¿Qué tipo de pensadores produjo?
¿Personas que delegaron cada vez más su criterio?
¿O personas que utilizaron estas herramientas para investigar mejor, crear más y comprender con mayor profundidad?
No tengo la respuesta.
Pero sospecho que la inteligencia artificial no sustituirá el pensamiento humano.
Lo que hará será volver mucho más visible quién sigue pensando por sí mismo y quién decidió dejar de hacerlo.

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